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Carlos Robertson adquirió una partida de fosfato monoamónico (MAP) que, al ser recibida en el campo por el encargado del establecimiento, presentaba un color y aspecto diferente a las compradas anteriormente.

El empresario agrícola, integrante del CREA Arroyo del Medio (región Norte de Buenos Aires), remitió entonces una muestra del fertilizante a la firma distribuidora, la cual confirmó que el producto entregado no tenía la composición propia del MAP: 11% de nitrógeno y 52% de fósforo.

“El análisis realizado por el distribuidor indicó que el MAP tenía un 1% de nitrógeno y un 23% de fósforo. Yo realicé posteriormente otro análisis que daba cero en nitrógeno”, relata Robertson.

Por una cuestión logística, el fertilizante –supuestamente MAP– se aplicó de manera inmediata sobre (afortunadamente) un cultivo de cobertura.

“La empresa distribuidora aceptó el error y se comprometió a compensarlo por medio de la entrega de MAP a un valor equivalente a la diferencia entre lo entregado y lo efectivamente pagado, más el adicional del costo de la aplicación”, comenta Robertson.
“A partir de ahora vamos a realizar un análisis de la composición de todos los agroinsumos adquiridos con la antelación necesaria para poder tener tiempo de reacción en caso de detectar alguna inconsistencia”, añade.

Gabriela Pischedda, del Laboratorio Pergamino, fue la encargada de analizar la composición de la muestra de fertilizante remitida por Robertson.

“Este año recibimos muchas muestras de fertilizantes para analizar, mientras que el año pasado la mayor parte de las dudas correspondían a glifosato, donde detectamos algunas partidas con cero por ciento de principio activo”, comenta.

“El valor de un análisis para determinar nitrógeno y fósforo se encuentra actualmente en $275 más IVA”, informa Pischedda.

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