Metodología CREA de exportación

Experiencia en Georgia

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Cuando hablamos de exportación solemos pensar en bienes. Pero el conocimiento –si es útil– también puede exportarse a cualquier parte del mundo.
El Movimiento CREA comenzó a trabajar para transferir la metodología CREA entre productores de avellanas de Georgia (una nación, ex integrante de la URSS, que limita con Rusia, Armenia Azerbaijan y Turquía).

El organismo estadounidense US Agency for International Development (Usaid) venía financiando programas de capacitación para productores integrados en la Asociación Georgiana de Productores de Avellanas (GHGA por sus siglas en inglés). Pero experimentaban dificultades para consolidar la transferencia de tecnología entre los productores.

Un emprendedor argentino con perfil global, Daniel Dellacha, quien está desarrollando una plantación de avellanos en Georgia para una compañía internacional, recomendó a los técnicos locales de Usaid que importaran la metodología CREA para asegurar el éxito de la transferencia tecnológica.

“En Georgia ya existían algunos grupos de productores de avellanas que venían siendo capacitados por técnicos locales y por agencias de colaboración internacional. El objetivo es que esos grupos incorporen la metodología CREA para comenzar a trabajar en red”, explica Federico Guyot, líder de la Unidad Organizacional de Metodología y Desarrollo Personal en CREA, quien, junto a Ricardo Negri, responsable de la Unidad de Investigación y Desarrollo en CREA, viajó este año a Georgia para dar comienzo al programa.

“La gran mayoría de los productores de avellanas en Georgia posee fincas familiares con menos de una hectárea que sólo se ocupan de cosechar el producto; el resto del año viven de otras ocupaciones”, añade.
Un porcentaje minoritario de las fincas es manejado por productores con mayor escala que tienen intenciones de mejorar tanto la productividad como la comercialización del producto.

“La producción tiene muchos desafíos por delante: no realizan la conducción de la plantación; no podan ni fertilizan; no existen estándares de comercialización de avellanas ni un marco normativo para la actividad; será necesario desarrollarlo para promover incentivos que contribuyan a mejorar la calidad del producto”, comenta Guyot.

“Luego de 70 años de comunismo, algunos aún tienen la concepción de que alguien debe hacerse cargo de sus problemas. Más que productores son tenedores de avellanas. Otros, en cambio, han comprendido que el futuro de sus fincas y de sus familias depende de lo que hagan o dejen de hacer ellos mismos”, agrega.

Un ejemplo: la diferencia de precio de la avellana entre el momento de cosecha y seis meses después es dos veces y media. Si bien el almacenamiento de las avellanas no es una tarea sencilla, la mayor parte de los “tenedores” del producto prefiere entregarlo lo antes posible.

Transferencia
En estos días, dos técnicos CREA –Daniel Trasmonte y Rodolfo Tkachuck, junto con un asistente, Francisco Ferreira– están trabajando en Georgia para formar asesores y grupos que comiencen a funcionar en red con metodología CREA. El programa, financiado por Usaid, tiene un duración de cuatro meses.

El idioma hablado por los productores locales es el georgiano. Muy pocos hablan inglés. Por ese motivo, los técnicos CREA trabajan con Tamuna Sordia, traductora local, que domina el castellano y es una más del equipo. Uno de los objetivos del programa es traducir al georgiano los manuales de metodología CREA.

“De los 40.000 productores, el 80% tiene entre 0,5 y 0,8 hectárea de avellanas. Producen en promedio unos 500 kilos por año y eso les genera un ingreso de alrededor de 2000 laris (equivalente a unos 1140 dólares). Muchos aún producen su propia leche –cada familia tiene una vaca y algunos cerdos–, queso, huevos, carne, maíz, frutas y verduras”, relata Francisco Ferreira desde Georgia.
“Con una mínima adopción de tecnología podrían duplicar sus ingresos. En la actualidad, no podan, no fertilizan ni usan insecticidas; la mayoría de los avellanos están plantados según un esquema de 3 x 3 metros cuando el ideal es de 6 x 5 o 6 x 6 metros; son árboles que les dejaron sus padres o abuelos y sólo se preocupan por levantar el fruto una vez que cae”, añade.

Los técnicos CREA fueron recibidos con el tradicional banquete georgiano conocido como “Supra”, el cual consiste en un serie de extensos brindis (por los padres, los hijos, las mujeres, los que ya no están, alguien que está presente, etcétera) destinados a fortalecer los vínculos entre los integrantes de la comunidad.

“Preparan una mesa en donde no falta nada, por más humilde que sea la casa, con queso, carne de cerdo y vaca, verduras variadas, polenta, khachapuri (pan redondo relleno con queso), frutas y, por supuesto, vino. Esta tradición es tan fuerte que los asesores georgianos ven muy difícil que un productor chico pueda recibir al resto de los integrantes del grupo en su casa (tal como sucede en la Argentina) porque se verían obligados a agasajarlos con uno de estos banquetes y afrontar los gastos que esto implica”, explica Ferreira.

“Ya tuvimos el primer taller de asesores. Salió muy bien y ahora vamos a empezar a implementar de manera progresiva la metodología CREA en las reuniones de grupos”, indica el técnico.

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