Entrevista a Daniel Cerezo

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Creer y hacer, la base del liderazgo

Vivió en una casilla, en una villa, toda su niñez. Es músico y psicólogo social, pero sobre todo líder. Hoy dedica su vida a Creer Hacer, una empresa social que aspira a mejorar la calidad de vida de las personas. Con apenas 25 años, pasó por Proyecto Líderes y aquí cuenta su experiencia en el programa social de AACREA cuando se lanzó al desafío de asumir su liderazgo.

Cuando llegó al Proyecto Líderes todavía no había dado aquella deslumbrante charla TEDx –organización destinada a “difundir ideas que valen la pena”-, ni se imaginaba que revolucionaría el concepto de recursos humanos como gerente de Felicidad en la empresa de alpargatas Las Paez. Tampoco había fundado su empresa social ni las multinacionales lo convocaban para dar conferencias. En aquel entonces, era un pibe de Bajo Boulogne –en la actualidad, sigue ahí por elección- que se proyectaba como líder. Por eso, Carolina Massa, líder del proyecto Financiamiento de proyectos con alto impacto social en la Comunidad Agroalimentaria de AACREA, que lo conoció a través de la Fundación Vale La Pena, lo postuló para atravesar la experiencia Líderes. Luego de llamados insistentes, con mucho prejuicio, él aceptó.

“¿Qué me va a enseñar a mí la gente del campo sobre liderazgo?, pensé. Cuando los conocí, rápidamente se derribó el prejuicio”, comienza Daniel Cerezo. Nació en la provincia de San Juan y al año llegó a la capital porteña junto a sus padres y seis hermanos con la promesa para su padre de un trabajo bien remunerado, casa y comida. Todo era una farsa y pronto el jefe de familia se enfermó y falleció; “Buenos Aires lo terminó matando”, asegura. Durmieron durante unos años en el garaje de una tía en el bajo Boulogne y terminaron usurpando un terreno fiscal en medio de la villa. Su madre comenzó a trabajar y “quedamos a la intemperie”, relata.

Vulnerable, en la calle todo el día, pudo haber tomado cualquier camino, pero eligió la música. Amaba la cumbia, “soñaba con ser Gladys ‘La Bomba Tucumana’”, cuenta con pasión, poniéndole énfasis a cada una de sus palabras. “Un amigo del barrio me contó que una profesora de piano daba clases gratis los sábados y que por qué no me anotaba”. Así lo hizo. Las clases las dictaba la concertista Liliana Alpern en un centro comunitario impulsado por la Fundación Crear Vale la Pena, organización que impulsa el arte en contextos de vulnerabilidad social. Lo primero que le pidió a la profesora aquel chico ilusionado fue que le enseñara a tocar en el teclado “La pollera amarilla”. “Me partió la cabeza”, revive.

Al poco tiempo, Crear Vale la Pena lo invitó a devolver a la comunidad aquello que había aprendido, dando clases en el barrio. Pronto, asumió como coordinador del área de Organización Social de la Fundación y, por último, a los 21 años, como director. “Así, pasé de ser el pibe que se mandaba cagadas en la esquina a ser protagonista. Entonces es cuando descubro que el contexto no hace al texto, que yo era mucho más de lo que me había tocado vivir”, cuenta. En ese momento, recibió la invitación para participar en Proyecto Líderes. Tenía 25 años y muchos prejuicios, los mismos que ahora se dedica a romper. Lo convencieron con el argumento de que el curso “no era lo que él pensaba”, y la intuición lo arrojó a ese nuevo desafío. “Estaba haciendo un trabajo social muy fuerte y Líderes me sirvió para tener un panorama mucho más claro, para ponerle nombre y fundamentar lo que yo ya hacía, sumar herramientas al trabajo territorial que venía haciendo, y conocer personas y organizaciones increíbles”, asegura el indiscutido líder social.

Hoy, Daniel Cerezo es la cara visible de su propia fundación, Creer Hacer, que se propone mejorar la calidad de vida de las personas generando ámbitos favorables y desarrollando herramientas para que las personas puedan elaborar proyectos de vida muy por encima de sus propias expectativas y las del entorno. “Algunos de los profesores que tuve en Líderes, como Paola Delbosco, dan talleres a través de Creer Hacer, en el marco de un programa donde muchos docentes de primera calidad van a capacitar a barrios donde hay mucha vulnerabilidad”, relata con orgullo. “Formamos a gerentes con los pibes de los barrios y formamos a los pibes de los barrios con gerentes. Lo que hago es romper prejuicios y generar espacios de trabajo y aprendizaje continuo”, completa.

Como consecuencia de su participación en el programa social de AACREA, fue orador de la Jornada de Jóvenes 2010 y colaboró en el armado del FES (Fortaleciendo el Entramado Social), programa de liderazgo adaptado a las escuelas rurales. “De Líderes me llevé un mundo distinto. Lo más fuerte fue haber convivido durante todo un año, dos días enteros cada mes, con personas que venían de una situación socioeconómica muy distinta a la mía, eso fue muy enriquecedor. Me quedé amigo personal de gente que jamás me hubiera cruzado en otro lado”, asegura quien, si bien mejoró su calidad de vida, aún vive en su barrio original y no quiere mudarse. Porque ahí tiene todo: su familia, sus amigos, su comunidad, y al niño que vio nacer al líder que hoy se reafirma cada día creyendo y haciendo.

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